Nota:
Aunque, hace un tiempo, había tomado la decisión de, definitivamente, traer a este sitio todos los poemas viejos, al final he descartado la idea por completo. Ahora bien, hoy he retocado ligeramente uno de esos poemas, así que os dejo la nueva versión.
Ella, de blanco vestida,
era como una margarita
que me quitaba la vida,
me quería, no me quería;
tal era mi desdicha…
Me abandoné al tormento
del caminar del tiempo,
puedo, pero no quiero,
quiero, pero no puedo;
olvidé mis años de caballero…
Y en el rincón oscuro lloraba
tus cuentos de hada,
y al fin volé sin alas,
porque aún soñaba,
donde la imaginación alcanza…