Una anciana llora en la mecedora,
llora porque su muñeca está rota,
me da pena y me acerco, pero,
¿está fingiendo?
Su llanto torna en un extraño rezo
que no entiendo,
de repente es un ser siniestro
que, con sus fauces, se lanza sobre mi pecho…
Despierto, recostado sobre el lado izquierdo,
pienso que es el tranvía, con su traqueteo,
lo que hace temblar el suelo,
en realidad, es el bombeo de mi corazón
lo que menea el colchón,
me giro al lado derecho,
como tratando de coger fuerzas para levantarme,
me duele todo el cuerpo
y no hay nada donde apoyarme,
me falla la rodilla, caigo contra la mesilla,
creo que me he roto una costilla…
(Que nadie se alarme,
es solo literatura
surgiendo de mi pluma,
puedo romperme y arreglarme,
ahora mismo me levanto
como si nada hubiera pasado,
pero no os dejéis llevar por la risa,
que no por ello todo es mentira.)
Puede que me duela,
pero soy recio,
vago en silencio
cual alma en pena,
trato de seguir en este sinvivir
sin que nada me haga feliz,
con tu recuerdo en mi ajada memoria
girando como una enorme noria,
sí, me acuerdo de ti,
me pregunto si lograste salir,
ya ves que yo sigo aquí,
completamente perdido,
aunque voy abriendo camino
entre maleza y zarzales,
con mis manos,
nunca llego a ninguna parte,
únicamente me hago más daño
y las letras se borran al son de mis lágrimas,
quedándome, para siempre, en la primera página.
