Aprovechando que el viento no sabe leer,
sin dudarlo, todos mis versos le arrojé,
se arremolinaron en extrañas figuras
que casi alcanzaban la luna…
Fue bonito verlo,
no lo niego,
mas lo que yo quería, olvidar,
era otro cantar,
y las musas no perdonan,
pues, aunque algunas noches,
con sus susurros me arropan,
otras son peores
gritan sin cesar,
con ese grito que desgarra mi ser
sin que nada pueda hacer,
me recuerdan todo lo que he hecho,
lo bueno, sí, pero también lo malo,
aunque trate de renegar de ello,
he causado mucho daño.
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