Ah, la serpiente,
que busca jugar conmigo
con su lenguaje sibilino,
se desliza por mi mente,
y la araña,
paciente teje su tela,
para atraparme en ella
y así devorar mi alma…
Yo, que solo quise ser flor,
esparcir mi simiente al viento
y ser feliz, simplemente con eso,
mientras contemplaba al sol,
me siento en la cárcel,
sin querer,
sin placer,
encerrado en la carne.

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