Del barro que formó las lágrimas en la arena,
recojo las hojas que me arrebató la tormenta,
vestigio de un amor que me llena de pena,
atrapado en el abismo, aunque no lo parezca,
camino, a pesar del temblor de mis piernas,
en busca de mis versos, aquellos que, aún perdidos,
resuenan en mi cabeza como un poderoso rugido.

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