-Dime viento,
por qué aúllas con tal lamento.
-Porque, a pesar de mis fuerzas, nada sujeto,
abrazar a las nubes quiero,
pero no lo consigo, por más que lo intento.
Prosiguió con su lamento el viento,
tal era este, que las nubes lloraron,
tanto, que los ríos crecieron,
en su camino a la montaña acariciaron,
lo cual provocó que esta rompiera en gran estruendo
con su extraña, pero característica, carcajada,
tal vez nunca la oyeron,
ya que su frecuencia es excesivamente baja,
demasiado para el oído humano,
pero créanme que la montaña rio,
el viento, que sí puede escucharlo,
no pudo evitarlo, sonrió,
y por un momento, su lamento olvidó.

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