Poesía LIBRE Música

Vi al poema nacer

(Juré no volver,
pero me apetecía otra taza de té.)

Respirar,
qué felicidad,
sí, así de simple, respirar…

Debe existir un lugar,
más allá,
donde el poema crece en las ramas del árbol,
y la gente, de tanto en tanto,
acude en peregrinación,
ahí me encuentro yo,
haciendo el recorrido,
sigo el camino,
me adentro en lo más profundo de tan peculiar bosque,
se confunden el día y la noche,
pero sigo avanzando,
otra rama, otro árbol,
todos tan iguales,
por más que avance…

Me pierdo…

De repente un vago recuerdo,
viene a mi ajada mente,
la ninfa del bosque, no debe andar lejos,
ella, me dirá por dónde debo meterme,
ella, que todo lo sabe,
seguro que podrá el camino indicarme,
apresuro el paso,
a viva voz la llamo:

—¡Alçalaín! ¡Alçalaín!

Pero no parece que ande por aquí,
ha pasado tanto tiempo
que quizá ya no se acuerde de este viejo,
en la lejanía se oye el aullido del lobo,
un gruñido,
un extraño grito,
corro,
pero simplemente para desgarrarme el alma,
únicamente queda de mi querida ninfa un trozo de ala…

Apenado por tan doloroso suceso,
no dudo en recoger ese pedacito que queda de ella,
y resguardarlo bajo mi sombrero,
cobijé mi corazón en el recuerdo de cómo era,
de las profundas charlas de antaño,
y sin darme cuenta posé en un hongo mi mano,
se volvió negro,
mi mano, mi cuerpo,
simplemente se desvanecían,
traté de deshacerme de aquella sustancia maligna,
pero no había manera,
así pues, eché mi melena al viento y corrí,
corrí desesperado por este sinvivir,
tanto corrí que encontré del bosque el fin,
un precipicio, cuya distancia mi pobre vista no podía calcular,
se abría a mis pies, en el fondo, un río verde trataba de avanzar,
(quizá era una serpiente enroscándose asustada)
el miedo,
me detuvo un tiempo,
pero salté a la desesperada…

Vaya sorpresa me llevé,
mi cuerpo que se iba, o el ala que guardé,
o la magia del sitio tal vez,
el caso es que me deshice en polvo brillante,
y en lugar de estrellarme,
sobre el viento floté,
bailé entre las nubes,
entre regocijo, llegué a una zona en la que nunca antes estuve,
no era muy diferente a cualquier otro lugar,
pero el silencio martilleaba el oído de forma singular,
me detuve ahí, me senté sobre la raíz de un viejo tronco,
contemplé maravillado la paz de aquel todo,
inundándome de ella, respiré,
Fue entonces cuando noté unos golpecitos sobre mi hombro,
no me lo creí,
me giré, y ahí estaba ella, radiante como ninguna, Alçalaín.

—¿Me devuelves mi ala?

No pude evitar arrugarme en una exagerada sonrisa,
lavó mi mano con la esencia de unas flores amarillas,
enseguida se recuperó,
me pidió que la acompañara, quería enseñarme algo…

Y tras unos pocos pasos,
más allá del gran árbol,
algo se movía,
quise preguntarle, pero ella me detuvo con una sonrisa,
observé,
sin saber muy bien qué,
y por primera vez,
con mis propios ojos, vi al poema nacer.

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  1. Avatar de Patricia
    Patricia

    👏🏼👏🏼

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