Ay tierra mía,
errante de ti,
hacia la vida
camino al fin.
Y en esta selva,
el árbol sin raíz,
por grande que sea,
se condena a morir.
Y sin amor
¿cómo vivir?
Padre Creador
entra en mí.
Llena de paz
mi interior,
que tu calor
me libre del mal.

Ay tierra mía,
errante de ti,
hacia la vida
camino al fin.
Y en esta selva,
el árbol sin raíz,
por grande que sea,
se condena a morir.
Y sin amor
¿cómo vivir?
Padre Creador
entra en mí.
Llena de paz
mi interior,
que tu calor
me libre del mal.
Quería volar,
apenas podía andar,
su vida era lloro,
tormento de loco.
Sin sanación,
sin salvación,
recorría el mundo
como profeta mudo,
en busca de la solución
a tanto dolor.
En su búsqueda desespera,
hasta que llega el momento,
arrodillado en la acera
oyó la llamada del guerrero.
En el lado divino
encontró el camino,
las palabras,
que en su cabeza se agolpaban,
manaron con fuerza de su boca,
pero Babilonia era sorda…
A pesar de ello
continuó con su rezo,
pensando en Jah
logró volar,
pensando en Jah
aprendió a amar.
Con el tiempo,
su rezo tornó canto,
sonó tanto
que se hizo eterno.
Si prestas atención
podrás escuchar su voz,
hazla resonar en tu interior
inúndate de su amor.
Despierto con la primera luz del alba,
los pajarillos cantan,
una lata baila la incesante danza del viento,
gira, brinca,
recorre la calle, arriba,
con su constante tintineo;
un camión llena el ambiente de ronroneo
y marcha dejando un rastro de humo negro.
Todo sigue igual,
salvo que tú ya no estás.
Por mucho que te lo pedí,
aunque tanto insistí,
decidiste que era el fin.
Marchaste,
usurpando el silencio de la calle
con un sonoro taconeo,
poco a poco se perdía a lo lejos,
ahí quedé,
y lloré
mientras miraba
como la última hoja del árbol giraba
al caer.
Atrapado entre el antes y el después,
sigo en busca del ahora.
No es camino de rosas
aquel que seguiré,
además de tener espinas,
hay trampas en cada esquina.
Babilonia quiere vernos caer,
pero como León Conquistador
me alzaré
sobre su corrupción.
Caminaré,
solo o con usted,
a lo más alto
del monte sagrado,
donde mi espíritu elevaré.
Se llenará de fuerza mi voz
para cantar la canción
con el rugido del trueno.
Ante tal estruendo,
habrá quien quede sordo,
incluso quien torne loco
y piense que es el final.
Pero algunos cantarán,
quienes sienten la canción,
los que creen en el amor,
hallarán la salvación.
Lejos de aquí,
donde morir es vivir,
donde no hay destino
ni camino.
Ya no quiero nada,
tan solo enfundar la espada,
qué pereza
volver a la guerra,
mi demonio
quedó en el manicomio
y ya hace mucho de eso,
de todo aquello…
Miré a sus ojos
brillantes como oro,
su rostro perlado,
pronto demacrado,
su figura,
en mi mente se dibuja
su falda de bailarina,
su danza de margarita…
¡Déjalo!
Grita mientras arranco sus pétalos…
Despierto,
como si me faltara el aire,
como si se me fuera la vida.
Como si llorar y reír fueran lo mismo,
como si ya hubiera estado en todas partes…
Ver el futuro,
condenado al fracaso
igual que tú,
en esta oscura tormenta,
donde ni los rayos alumbran,
me desnudo
y dejo que los lobos me devoren.
Donde el esclavo alza el puño,
no en rebelión
sino en sumisión,
allí,
camino desnudo.
Su voz me llama,
cada mañana,
entre el tumulto,
mas no la veo
desespero…
¿Por qué?
La oigo otra vez.
¿Por qué?
Rompí la barrera,
subí la escalera,
no hay cielo
sino infierno,
mi cordura
es mi locura.
Una madre grita,
una bronca,
una paliza,
un niño llora,
el sonido de la noche
me ha vuelto insomne,
otro día ha amanecido,
repleto del vacío
de la voz del necio…
¡Silencio!
Quizá estaba loco,
quizá todavía lo estoy,
aquí,
sentado,
solo,
dejando volar el hoy,
bromeo con el escocés
una y otra vez,
el tiempo pasa tan rápido
como el chasquido del látigo,
la herida que sangra
es en el alma,
quizá me he dejado llevar,
la inercia me arrastra
hacia un lugar al que no quiero ir,
es como si fuera a dar un frenazo,
pero demasiado tarde,
me choco seguro,
no sé si llevo puesto
el cinturón de seguridad
hasta que me estrello contra el cristal delantero,
entonces estoy seguro,
no lo llevo puesto…
¿Estoy vivo?
O estoy muerto,
me arrastro moribundo por el mundo,
desangrándome,
sufriendo,
sólo quiero drogarme
para mitigar el dolor,
y marcharme…
El tiempo pasa tan lento…
Parece ser eterno…
No sé ni en qué día vivo,
tampoco me importa,
otro grito,
alguien llora.
Ya es hora,
de que el cuervo deje la soga,
a volar pájaro negro
que en este lugar ya no te quiero…
Por más que me hago viejo
no aprendo.
Si el ahora es oscuro,
más el futuro…
«No importa»
dijo aquella vieja loca.
Dejémoslo estar,
da igual,
las palabras se las lleva el viento,
y eso es lo de menos.
¿Recuerdas la espiral?
¿El infinito?
Portales luminosos se abren paso en nuestra mente,
no lo olvides,
estoy loco…
Encerrado,
camisa de fuerza,
atrapado,
inyección…
Huir es peor,
pero eso es lo de menos…
Me queda el recuerdo de sus senos,
su cara de nata
sucia de droga,
quizá no estaba loca,
pero sí enferma…
Una pena…
Dime, quién robó tus sueños,
te arrojó a la nada,
quién arrebató el alma
a tu frágil cuerpo.
Dime, si acaso no es el fuego
lo que quema tus manos como brasa de infierno.
Dime, quién sopla el viento
para que vuelen tan lejos,
todos tus deseos,
tus mejores recuerdos.
Dime, si esta noche
tallarás tu nombre
por todo el hielo
que dejó el invierno.
Me asomé, en busca de la luz del faro,
como si hubiera camino en algún lado.
Solamente perdí el tiempo,
el reloj corrió fiero…
Quizá el mar,
quizá llorar,
como cuando una espina se clava en el corazón,
recorrer a toda velocidad la escalera de caracol
y caer…
Caer encima de aquella mujer,
siempre tan petarda con su quiero y no puedo,
todavía estoy ahí,
atrapado entre tierra y cielo
como en un querer morir,
regurgitando viejos recuerdos,
sabiendo que no hay camino.
Puede que enfermo
o viejo cansino,
trato de avanzar,
mas no hay hogar
ni sitio al que llegar.
Ay, Sol de primavera,
quién estuviera a tu vera,
cuando sopla Soledad
enfureciendo al mar,
cuando suena la trompeta
anunciando la tormenta.
Ay, Sol de primavera,
corren tiempos de guerra,
en este mundo
que gira sin rumbo,
enloquecida viene Hambre
asolando la calle.
Ay, Sol de primavera,
han levantado una verja
¿pasará tu rayo
al otro lado?
sin piedad viene Frío
a llenar su bolsillo.
Ay, Sol de primavera,
quédate cerca,
cuando venga Muerte,
con voz solemne
lo suyo reclamando,
tenme en tu regazo.