Un lamento, repleto de desgarrador llanto, atraviesa mi alma como un cristal de cuarzo, me despierto, todavía es de noche, pero ya empiezan a pasar los coches, ese olor, el de la goma quemada sobre el asfalto, sube, me levanto, con un único sentimiento dentro, el mundo sufre, así pues, empiezo a cantar, dicen que, quien canta, su mal espanta, pero quiero más, quiero espantar el del mundo, y no será con palabras, siempre lo supe, que lo necesitaba, ahora, con fuerza, me llama, me reclama, y sin importar el camino, ni las lunas, salgo presto en su busca, hasta encontrar, en todo su esplendor, el poder de la voz:
Yo soy el chamán, deja a mi voz entrar, siente en el alma, mi canto te sana.
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