Poesía LIBRE Música

La laguna

Debo ser egoísta,
pues a pesar de que escriba,
los mejores versos,
los atesoro en mi pecho
y a nadie le cuento nada,
es alimento de mi alma,
pero…

Cuando el reloj supera con creces las doce
y se silencia la noche,
me siento perdido en un bosque,
tu mirada,
que desnuda mi alma,
no puedo evitar el llanto,
tanto,
que en la llanura
se forma una laguna,
se acerca con su reflejo la luna
aunque, con las ondas del agua, se arruga,
me pregunta,
a qué tan solitario sollozo,
a pesar de que no respondo,
se queda haciendo compañía,
dice que pronto vendrá la alegría,
así pues, llegó el ruiseñor con una canción matutina
y poco a poco la luna se iba,
no sin antes enseñarme su canto…

Con el tiempo, de la letra me olvidé,
al igual que de tantas otras cosas,
las flores, rojas,
que se alejan con el tren,
el azul,
del cielo y el mar,
quedaron muy atrás,
olvidé incluso quién eras tú,
hasta que el rayo del sol
atravesó mi interior,
mostrando lo que guardaba con tanto fervor,
la semilla de la blanca flor,
que en mi cuerpo prendió,
atravesándolo de dolor…

Era necesario,
dijo el sabio,
para que crezca el fruto dorado
que ahora tu alma alimenta,
desde entonces, cegado
por la luz que reflejas,
no temo,
cuando llegue el momento
fluiré con el viento,
como el silbido de un niño
que no entiende de destino,
entonando la melodía, que me enseñó la luna,
sobre la montaña de la locura.

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