Sí, la música,
incluso de chico, con la cara sucia,
entonaba el sonido amargo de la pena negra,
melancólico,
como el viejo alcohólico
que derrama el vino sobre la mesa,
me río,
me llevo un coscorrón,
pero no me río del error,
sino de los dibujos que deja el vino al caer,
tiñendo el mantel de nubes de atardecer,
cojo al viejo de la mano
y canto,
él, sonríe con los ojos,
como únicamente lo hacen unos pocos,
mientras, el viento sopla hojas de otoño,
y olvidamos,
olvidamos…

Deja un comentario