Donde el esclavo alza el puño,
no en rebelión
sino en sumisión,
allí,
camino desnudo.
Su voz me llama,
cada mañana,
entre el tumulto,
mas no la veo
desespero…
¿Por qué?
La oigo otra vez.
¿Por qué?
Rompí la barrera,
subí la escalera,
no hay cielo
sino infierno,
mi cordura
es mi locura.
Una madre grita,
una bronca,
una paliza,
un niño llora,
el sonido de la noche
me ha vuelto insomne,
otro día ha amanecido,
repleto del vacío
de la voz del necio…
¡Silencio!
Quizá estaba loco,
quizá todavía lo estoy,
aquí,
sentado,
solo,
dejando volar el hoy,
bromeo con el escocés
una y otra vez,
el tiempo pasa tan rápido
como el chasquido del látigo,
la herida que sangra
es en el alma,
quizá me he dejado llevar,
la inercia me arrastra
hacia un lugar al que no quiero ir,
es como si fuera a dar un frenazo,
pero demasiado tarde,
me choco seguro,
no sé si llevo puesto
el cinturón de seguridad
hasta que me estrello contra el cristal delantero,
entonces estoy seguro,
no lo llevo puesto…
¿Estoy vivo?
O estoy muerto,
me arrastro moribundo por el mundo,
desangrándome,
sufriendo,
sólo quiero drogarme
para mitigar el dolor,
y marcharme…
El tiempo pasa tan lento…
Parece ser eterno…
No sé ni en qué día vivo,
tampoco me importa,
otro grito,
alguien llora.
