Debe ser el alquitrán de la ciudad,
el que ciega mi mirar
y me hace deambular entre tinieblas,
no importa que me pierda,
al fin y al cabo, no hay donde ir o volver,
y quisiera no tener que recorrer
este sendero repleto de versos,
pero las musas son astutas
y bien saben a quién reclutan,
como el director con su batuta,
ellas conciertan mi quehacer…
Y el tiempo se clava, cual punzón en el corazón,
tanto, que parece el mal del amor,
pues, aunque nunca lo digo,
si no estás conmigo,
ni respiro
ni vivo.
