Tengo un nido en mi cabeza,
con pajarillos que revolotean
y mis ideas picotean,
tanto llegaron a picotear,
que lograron mi dicha ajar.
Ya no hay pasión,
salvo cuando buceo en la inmensa profundidad de tu mirar,
es en ese momento cuando entro en calor
y olvido mi pesar.

Deja un comentario