Desperté,
mirando la pared,
sin saber muy bien por qué…
Y te olvidé,
como si hubiese olvidado mi propio ser.
Desanduve el camino,
tal cual si fuera mi destino
una escalera al infinito,
nunca fue lo mismo.
Desde aquel entonces,
en un movimiento de enroque,
recito para dentro
mis mejores versos,
hasta caer en un profundo sueño,
en el que al fin te beso.

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