Nunca quise ser rico,
tampoco hacerme un nombre,
más bien, ser pobre,
un simple desconocido,
es por ello que no me baño
en el lodo que el río quedó a su paso,
sino que me dejo por su agua arrastrar
hacia la gran y azul inmensidad,
donde, en silencio y soledad,
contemplo como emerge el sol en la lejanía,
su fuego transforma mi pena en alegría,
y así, poco a poco, pasan los días.

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