Me transformé en águila,
para volar lejos de la lástima,
no pudo ser,
tuve que volver,
a esa inmensa pena
que me trajo tu flor de abril,
que me impide olvidarme de ti,
arrastro la pesada cadena
de tu recuerdo,
cuando encerrada en la cocina
llorabas como una niña;
ay, cómo pasa el tiempo
y cierra las heridas,
tus lágrimas se las llevó el viento,
ya no recorren tus mejillas,
pero sí las mías,
porque tocó acabar el cuento.

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