Me despierto,
en ese momento
que no sabes si es tarde, o temprano,
o si, por casualidad, ya cantó el gallo.
Me despierto,
una vez más, con la lengua llena de versos,
e ignoro si debo echarlos,
o más bien tragarlos.
Ante la duda, los mastico,
poco a poco se deshacen en mi paladar,
los interiorizo, los asimilo,
pero no sé si los podré recordar.
Me pregunto si merece la pena recordarlos,
si, tal vez, haya en ellos algo,
o tan solo eran palabras huecas,
si realmente algo merece la pena…
Y, nuevamente, resurge la negación del yo,
y quisiera diluirme con los versos que mastiqué,
dejar de ser, para volver a ser, sin ser,
y arder, como un poema, dentro del sol.

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