Bebía,
bebía
porque olvidar quería,
bebía,
bebía
pero olvidar no podía,
bebía,
tanto bebía,
que confundía la noche y el día.
En el letargo del alcohol dormía
sin saber si despertaría.
Me dolía,
esa monotonía
que llevaba a la melancolía,
que poco a poco me arrebataba la vida
y no sabía a dónde me conducía,
pero que olvidar no me permitía.
Eran tantos los recuerdos que olvidar pretendía,
y que todavía,
en la lejanía,
permanecen en mi memoria desteñida.

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